dijous, 2 d’octubre del 2014

El incendio silencioso de Mallorca

Después de mucho tiempo sin colgar ningún post, aprovecho para compartir, en formato de position paper, unas reflexiones (solamente eso) en relación a una posible oportunidad para integrar gestión del combustible (prevención de incendios forestales) y a su vez, facilitar el control de la sobrecarga ganadera, en la isla de Mallorca. 

Resulta patente que el esfuerzo en prevención de incendios (entendida como "de la administración"), o en gestión  agroforestal (entendida como del "propietario"), y a pesar de los recientes grandes incendios forestales ocurridos en la isla, resulta todavía insuficiente o como mínimo, no ha cambiado significativamente de forma reciente, en términos de eficacia "territorial". En lo que se refiera a prevención, es aquello de que "lo negro no nos deja ver lo verde"...

Aprovechando esta debilidad crónica a nivel de manejo del combustible, e integrando la amenaza continua que suponen las poblaciones de cabras (sin entrar en su raza, especie o  procedencia) en muchas zonas de la isla (no todas), os dejo con una serie de reflexiones que apuntan hacia la posible oportunidad existente (o no) de aunar esfuerzos de cara a generar soluciones parciales para ambos problemas. 

Se admiten comentarios, críticas y lo que se tercie.

Incendio forestal en Na Burguesa (Calvià), en una zona de alto régimen de fuegos, baja capacidad de regeneración y presencia de cabras sin gestión efectiva

"Quemas prescritas: oportunidad para integrar gestión de combustible y facilitar el control de la sobrecarga ganadera"

1. Introducción
En la actualidad, las masas forestales de la isla de Mallorca (Illes Balears), al igual que en muchas otras zonas del arco mediterráneo, presentan una problemática recurrente, ligada a la perturbación causada por grandes incendios forestales. La evolución de la relación superficie afectada respeto a número de siniestros, ha aumentado paulatinamente durante el último decenio. Por ejemplo, en el año 2013, el 1% de los incendios forestales afectó a más del 80% de la superficie. Este comportamiento, espejo de la paradoja de la extinción, supone un reto para la gestión del combustible forestal a escala de paisaje, y obliga a las administraciones a buscar oportunidades realistas para reducir el comportamiento extremo de estos fuegos, entendiendo que la maximización en los recursos de extinción ha tocado techo.

Por otro lado, las principales zonas forestales de las sierras de Tramuntana y Llevant, en la mitad norte de la isla de Mallorca, presentan importantes poblaciones de cabra salvaje (Capra hircus), las cuales en muchas zonas están por encima de la capacidad de carga ganadera admisible a razón de la ausencia de gestión. Se estima una población de más de 30.000 individuos, con densidades que alcanzan los 0,5 ind./ha, las cuales son incompatibles con la capacidad y sostenibilidad de muchas zonas (como por ejemplo: encinares, pinares sin regeneración, áreas con especies sensibles, zonas quemadas, etc.). Como colofón a esta situación, y sin entrar en la causalidad de la recurrencia de esta sobrepoblación, se produce el paradigma de tener zonas afectadas por incendios forestales en alta o media severidad, donde el regenerado de germinadoras arbóreas está expuesto al herbivorismo continuado del ganado caprino, el cual pone en peligro su continuidad a medio y largo plazo. Si bien la administración realiza un control con arma de fuego en ciertas zonas (fincas públicas o zonas sensibles), y aparte de cierto aprovechamiento de titulares de cotos de caza mayor, la superficie a gestionar supera con creces la capacidad de reducción de la especie por parte del personal existente.

El presente posicionamiento, expone esquemáticamente la oportunidad de aunar el objetivo de gestión del combustible mediante quemas prescritas a nivel de puntos estratégicos de gestión, y a su vez, que estos sirvan para el objetivo de adecuar áreas de concentración y por lo tanto, de fácil control de poblaciones caprinas con arma de fuego, por la misma existencia de pasto joven.
  
2. Contexto
2.1. Puntos estratégicos de gestión como oportunidad para la normalización de las quemas prescritas
Recientemente, la administración forestal de Illes Balears ha redactado el IV Plan de Defensa contra Incendios Forestales, el cual proyecta, en los próximos 15 años, la política en la lucha contra incendios. En este sentido, el plan hace un salto cualitativo en lo que se refiere a la planificación de la prevención ligada a la gestión del combustible a escala de paisaje. Precisamente, como herramienta inexistente en los anteriores, el citado plan introduce el concepto de los puntos estratégicos de gestión (PEG), a la vez que los identifica en el territorio. La localización y priorización en función del potencial de amplificación del fuego, de estos puntos críticos, forma parte de la planificación o preextinción de los incendios de diseño analizados para el ámbito insular. Se trata de áreas de dimensión variable, susceptibles de una gestión del combustible, hecho que supone la generación de posibles oportunidades en el momento de la extinción, ya sea reduciendo el potencial de propagación del fuego, posibilitando el anclaje de maniobras, o permitiendo una mejor accesibilidad (nudos de barranco, nudos de divisoria o collados).

Habitualmente, la prevención en muchas zonas como es el caso de Illes Balears, se ha basado en la ejecución de un porcentaje relativamente bajo del conjunto de infraestructuras lineales planificadas en los planes comarcales o insulares. La causa de este desproporcionalidad cabe buscarla principalmente en la baja disponibilidad de recursos, normalmente muy por debajo de aquello planificado.

En un entorno con riesgo de grandes incendios forestales (GIF), la prevención debe reorientarse, al menos parcialmente, hacia la gestión del combustible a través de la gestión forestal, o en su defecto (en muchos casos obligado), hacia la gestión del combustible a escala de PEG. Esto no significa que deban dejarse de ejecutar ciertas infraestructuras lineales (fajas auxiliares principalmente), las cuales siguen siendo importantes, especialmente en zonas de interfase urbanaforestal, con objetivos de autoprotección, con elevada frecuentación o importantes para el acceso o salida a ciertas áreas, entre otros aspectos. Sino que a través un incremento tecnológico de la eficiencia de los recursos de prevención, debe complementarse la gestión areal en PEG, con la clásica gestión lineal.

Esta reorientación debe superar el obstáculo de la eficiencia de los recursos de prevención. En un escenario donde éstos no van a aumentar, únicamente cabe disponer de mayor eficiencia y esto debe pasar, de forma obligada, por integrar el fuego en el manejo del ecosistema.

En este sentido, la superficie total gestionada a nivel de prevención de incendios forestales en el ámbito de la comunidad autónoma, no pasa de las 250 ha anuales de media (2005-2013), lo que supone un porcentaje irrisorio respecto a la superficie planificada. Esta prevención resulta poco funcional y realmente insuficiente, de cara a cumplir los objetivos de resiliencia respecto a GIF.

Por otro lado, en Illes Balears y durante los últimos tres años, la gestión del combustible mediante quemas prescritas en zonas forestales (exceptuando las quemas de conciliación de intereses con cazadores en zonas húmedas), no ha superado las 5 ha/año de media, siendo un ratio bajísimo. La explicación de esto cabe buscarla principalmente en una ausencia de recursos técnicos y en una desafortunada comprensión de la herramienta por parte de propietarios, conservacionistas y otras administraciones.

A razón de lo expuesto, existe una oportunidad real de incrementar el uso del fuego para la ejecución de áreas efectivas de prevención, coincidiendo con puntos críticos o PEG, preferentemente en pastizales o zonas de matorral. Precisamente, la ejecución de infraestructuras lineales mediante quemas supone un rendimiento relativamente bajo, en comparación con el potencial de adecuación de PEG mediante el uso del fuego. En este sentido, reorientando de esta forma la prevención, se presume un incremento en la eficacia de los trabajos, en términos de superficie ejecutada o porcentaje de lo planificado respecto a los recursos invertidos (jornales, etc.). Cabe mencionar, que una parte de estas quemas pueden servir para conciliar intereses con los propietarios de las zonas tratadas (generación de pasto joven, prevención de incendios, etc.).

2.2.  El problema de las poblaciones de cabras salvajes o el incendio silencioso de Mallorca
Si bien existe un volumen relativamente escaso de información científica sobre los niveles poblacionales y de herbivorismo sobre la vegetación forestal, en las principales zonas forestales de Mallorca, si que hay un amplio consenso en afirmar que la presencia de cabras supone uno de los principales factores perturbadores de los sistemas forestales insulares, especialmente en lo que se refiere a la capacidad de regeneración o de reclutamiento de las especies forestales, entre otros.

Esta perturbación viene causada por la presencia de densidades de carácter heterogéneo (pues existen zonas muy poco afectadas), que en muchas zonas superan la capacidad de carga ganadera admisible. Si bien se desconoce el umbral máximo teórico de carga ganadera en estos ámbitos, la ausencia de regeneración y/o la presencia de ramoneo persistente de muchas especies vegetales, refleja que este está habitualmente superado. Por esta razón, la administración autonómica lleva años realizando un control sistemático con arma de fuego, como método más efectivo para la reducción de las poblaciones, aunque solamente en lo que respeta al ámbito de las fincas públicas, el cual no supera las 8.000 ha, es decir, menos del 10% del hábitat real de estas poblaciones.

La heterogeneidad y desigual distribución de estas poblaciones generan un amplio abanico de escenarios, desde zonas sin o con muy poco herbivorismo, hasta áreas con daños recurrentes y puntualmente alarmantes sobre la vegetación, sobretodo en zonas afectadas por otros agentes (es el caso de las zonas con elevado régimen de incendios o de los encinares afectados por Cerambyx cerdo).

En definitiva, un porcentaje amplio de estas zonas requiere una actuación urgente, contundente y sostenida, de reducción poblacional de ejemplares de cabra, independientemente de la categoría de los terrenos y proporcional al nivel de perturbación heredado.

Sin entrar en las causas, dificultades y peculiaridades que han generado esta situación (factor propiedad, ausencia de gestión, aprovechamiento orientado a cabritos,  fomento de la cabra salvaje mallorquina, etc.) y a la luz de la incapacidad de dimensionar recursos suficientes para realizar el control adecuado, existe una oportunidad de generar zonas de pasto especialmente palatable, para facilitar el control con arma de fuego. En este sentido, la dieta del ganado caprino se compone en un porcentaje mayoritario de la gramínea cárritx (Ampelodesmos mauritanica), además de otras especies arbustivas habituales en zonas de Tramuntana, como el lentisco o el acebuche. Este pasto, en estado suficientemente tierno, como puede ser el posterior a una quema, por ejemplo, resulta mucho más palatable para las poblaciones caprinas de su entorno. Por lo tanto, esta situación permite establecer áreas sumidero que absorban parte de las poblaciones circundantes, permitiendo un control más eficaz con arma de fuego, puesto que la distribución de la población será mas compacta.

Efectos de las poblaciones de cabras en zonas forestales de la isla


3. Oportunidad de aunar objetivos de gestión
Realizado el diagnóstico sobre la problemática estructural de gestión que existe, a dos niveles distintos y a priori alejados entre ellos, como son el problema de los daños por herbivorismo de un mamífero y la insuficiente inversión en prevención de incendios forestales en Mallorca, resulta obvio el posicionamiento del presente artículo: la cogeneración de puntos estratégicos de gestión (PEG), mediante fuego prescrito y aumentando prevención a nivel comarcal, permitiendo a su vez la adecuación temporal de puntos estratégicos de control caprino (PECC).

Cabe mencionar en primer término, que la elección de las zonas a actuar van a estar en función de dos factores (por este orden): el nivel de prioridad establecido en el plan (plan general o comarcal) y el nivel de urgencia en la reducción poblacional.

Por otro lado, cabe destacar la retroalimentación de los dos objetivos puesto que el mantenimiento de los PEG se alarga ligeramente por la propia presencia de ganado. No obstante, ésta es un situación en una fase inicial, puesto que el objetivo final es el de reducir significativamente las poblaciones, apostando hacia una gestión de ganado caprino (o en su caso, ovino o asnal) manejado activamente con pastor y orientado al mantenimiento de estructuras de prevención, ya sean PEG, fajas auxiliares o cortafuegos.

Ejemplar de Rhamnus alathernus ramoneado por cabras, en Alcúdia


4. Conclusión
Expuestas la problemáticas existentes, y la posibilidad de tomar una estrategia de sistematización de quemas, generación de puntos críticos bien gestionados y posibilitación de un mejor control poblacional de cabras, puede tomarse una hoja de ruta decida y eficaz, la cual pasa por los siguientes pasos:

A. Adecuar escenarios con capacidad de gestión real
- Implantación de un equipo técnico destinado íntegramente a las quemas: planificación, priorización, validación, ejecución y seguimiento. A dos niveles:

  • Equipo de programación (definir prioridades, establecer calendario, validar permisos, cotejar aspectos ambientales, etc.)
  • Equipo de ejecución (quema prescrita y posterior seguimiento)
- Desarrollo de una estrategia de comunicación y didáctica de la gestión mediante quemas, tanto hacia el ciudadano gestor, como hacia otros elementos de la propia administración. 
- Sistematización del equipo de control existente para trabajar en paralelo.

B. Cogestión efectiva
Definición de programas generales de quemas (cuatrienales) de carácter interno y con ejecución anual efectiva, en base a objetivos de superficie en PEG.
- Control poblacional efectivo en los 4 años siguientes a la adecuación del PECC, en base a objetivos de censo poblacional anual en el entorno de influencia.

C. Seguimiento y retroalimentación
Seguimiento del estado de mantenimiento de los PEG, de cara a integrar la información en las estrategia de extinción.
- Seguimiento de hasta cuando el PEG es funcional con posterioridad a la quema y en un escenario de progresiva reducción de ganado.


5. Referencias
COSTA ALCUBIERRE, PAU Y VVAA. La Prevenció dels Grans Incendis Forestals adaptada a l’Incendi Tipus. Barcelona: Generalitat de Catalunya, 2011.
DOMENECH AGENJO, ORIOL. Primers resultats sobre la regeneració post-incendi de pi blanc (Pinus halepensis Mill.), a l’illa de Mallorca, Illes Balears. Palma de Mallorca: VI Jornades de Medi Ambient de les Illes Balears. Ponències i resums. Soc. Hist. Nat. Balears. 198-200, 2013.
GOVERN DE LES ILLES BALEARS. IV Plan de Defensa contra Incendios Forestales de las Illes Balears. Palma de Mallorca: pendiente de aprobación y publicación.
MAYOL, JOAN Y DOMENECH, ORIOL. La cabra orada, un problema insidiós a Mallorca. Palma de Mallorca: VI Jornades de Medi Ambient de les Illes Balears. Ponències i resums. Soc. Hist. Nat. Balears. 166-167, 2013.